El problema de llevar desde los 13 años, viendo mas pelis porno por semana, que el montador de PRIVATE, es que estas tan acostumbrado a estar y ver a todas horas gente en bolas, que llega a parecerte normal lo de ir todo el día con el cimbel al aire.

Y claro, cuando entre peli y peli, tu cerebro de mandril salido, encuentra un ratito para pensar en escenas no porno, para el video de motos que también tienes en mente, como es lógico, la primera que se te ocurre es la de:


“IR EN BOLAS A TODA OSTIA POR LA VILLA”

Rápidamente (normal) comienzo la preproducción, dudando entre el aceite mineral o sintético para realzar mi musculado torso en los planos cortos e ideo los primeros prototipos del  primer  deslizador de glande para casos de excesivo flaneo en tumbadas  a alta velocidad.

Por suerte  para mi limitado presupuesto, no hubo necesidad  de nada de ello, dado que mi torneado ( en forma de bolla marina) torso  ya se encargaba el solo de humedecer los inexistentes músculos a base de litros y litros de apestoso sudor  fruto de mi envidiable forma física y como no, a la total imposibilidad física de que ninguna parte de mi anatomía masculina logre abrirse paso entre la mata invernal mas que para simplemente acariciar levemente un evidentemente friísimo tanque de gasolina

Dado que el colectivo homosexual es realmente escaso entre aquellos que pasan habitualmente de los 80 km/h, el casting para contratar a alguien dispuesto a seguirme tomando planos de un mandril obeso desnudo adoptando posturas erótico festivas a lo mamola, a escasos metros, se volvió totalmente imposible.


Fue por ello que la versión soft, en principio destinada al mercado musulmán y al canal Disney, fue la única que llegó finalmente a la etapa de producción.


El responsable de vestuario fue por supuesto el mas gay de mi entorno, usease mi hermano  “el Ronaldo”, que  no pudo tolerar, por respeto a la memoria de Versace, que alguien de su familia apareciese en un video ataviado con sus habituales cayumbos de, según la zona, algodón blanco. Fue por ello que amablemente donó unos Calvin Klein 4 tallas más pequeños de lo necesario al atrezo de la escena.  Eso, el casco y unos tenis, eran lo único con lo que tenía previsto presentar mi candidatura al Goya 2005 al mejor vestuario.

Sin embargo, con el paso de los días, mientras esperaba que el tiempecito de mierda de Gijón nos diera una jornada de grabación digna de algo que no fuese más propia para un remake racing de “forrando bajo la lluvia”  fui consciente que uno tiene cositas que aunque solo las use unas 20 veces al día para eliminar residuos o millones de microscópicos renacuajos ociosos por el wáter, en el fondo  uno le tiene cariño a esos tres chiquitines.

Por ello y aunque  la idea de perderlos en acción le daría un toque muy gore al video que me abriría nuevos mercados, decidí  añadir un protector testicular de boxeo al equipamiento de serie del piloto protagonista

¿Tú no ibas a andar en moto?

Fueron las palabras de mi pobre madre al verme abandonar el domicilio familiar casco en mano pero con bermudas y camiseta.  Afortunadamente muy poca gente me vio con aquellas pintas, dado que hábilmente habíamos elegido como jornada de grabación, en previsión de detenciones por escándalo público, las 14 horas de un domingo con carrera de formula 1. Lo que por aquella época garantizaba menos presencia policial o humana por los alrededores de la nacional 632, que si una central nuclear se hubiese ido a tomar por el culo en pleno  centro de Villaviciosa

Tras recoger al cameraman con mono de cuero e YZF 750 incorporada, nos dirigimos al circuito. A medida que pasaban los kilómetros de asfalto mejor conocido que el primer playboy, el cerebro responsable de enfermero titulado, tenía cada vez menos capacidad de mando sobre las articulaciones de la mano derecha. La cual gozaba de tal libertad de movimientos al no estar, al igual que el resto del cuerpo, encorsetada por la piel de múltiples canguros muertos, que se veía invitada por la única neurona racing dominante, a aumentar el ritmo hasta límites poco recomendables. Especialmente si tenemos en cuenta que el cameraman que se suponía que tenía que estar  a mis 6 y que es tan mononeuronal como yo, iba con la lengua fuera y encima con la cámara apagada.

Así, con una ventaja que me hubiese dado un cómodo triunfo en el Tour de Francia, llegamos a los boxes donde me tocó convertir la kilométrica maraña de cables, pilas, objetivos y cintas que llevaba en mi mochila, en algo parecido a una cámara subjetiva pre GP Hero.

Eran las 15 horas y Alonso ya debía tener virtualmente sodomizados a Raikonnen y Hamilton así que como mucho teníamos 45 minutos antes de que riadas de aficionados “de toda la vida” a la F1, saliesen de sus casas hechos unos animales dispuestos a repostar unas sidras en menos tiempo que rellenan los depósitos del R05.


Una vez preparada la cámara, había llegado el temido momento de quedarse en cayumbos delante de mi mejor amigo. Eso no hubiese sido mayor problema si hubiésemos sido reporteros del sálvame, pero claro el cámara y yo somos de los que si tuviésemos la pasta de Jorge Javier, nos  compraríamos  SLRs en vez de SLKs  así que la cosa no fue tan romántica como podría parecer.
Supongo que el hecho de lucir un calzoncillo híper gay 4 tallas mas pequeño,  unido al  morenillo que quedaba de la ultima vez que había ido a la playa hacía 5 años, tampoco ayudaba a calentar el ambiente.

Pero bueno, aquí habíamos venido a grabar un video de moto no a romper matrimonios, así que sin hacer los estiramientos previos a toda carrera, no fuese a haber accidentes humillantes innecesarios, salimos a pista.

Ya en los primeros 200 metros de rodaje, fui plenamente consciente de que si la epidermis humana, fuese tan resistente a las Pelayadas como la del canguro Australiano medio, Dainese tendría menos futuro que los puntos del mi carnet.


¡¡¡Que libertad de movimientos!!!


¡¡¡Que flexibilidad!!!


¡¡¡Que frescor!!!


¡¡¡Que gustirrinin!!!

 

¡¡¡¡QUE DAAAAÑÑÑÑOOOO!!!!

¡¡¡Joder!!!

Que coño fue eso, ¿una mosca? o un Airbus aproximándose al aeropuerto de Asturias.

Al final de la jornada, acabaría como si en vez de en una grabación de un video de motos, hubiese pasado la tarde perdiendo una batalla de paint ball nudista.

Pero bueno todo sacrificio era poco en pro de un video espectacular

En principio solo íbamos a ir en plan semitranqui: tocando rodillina y sacando chispas con las deslizaderas de titanio pegadas con cinta americana a las rodilleras de skate de mi hermano. Pero claro, después de 15 años, ya debería haber aprendido que lo de “ir de tranqui” en mi grupo siempre acaba convertido en algo parecido al GP de Japón del 89.Así que el ritmo era sin duda alguna excesivo.


Ya no solo por el hecho de estar en pleno otoño con la carretera cubierta de un bucólicamente acojonante manto de hojas secas mas deslizantes que la mano derecha de un quinceañero diestro, sino porque el mononeuronal de la YZF, a pesar de las 2 vacas muertas que lo protegían de los Airbus en vuelo rasante, no era capaz de seguir mi ritmo por mucho que hacía señas para que se acercase a tomar eróticos planos cortos del Calvin Klein introduciéndose sugerentemente entre mis peludas nalgas.


Tras estar un par de veces a punto de acabar grabando un video de surf gracias a las puñeteras hojitas, decidimos parar a las afueras de Villaviciosa a  colocar la cámara en el colín de la Yamaha para los planos traseros
.

La escena de dos hombres de pie en el arcén de la nacional 632 fue como de película de vacaciones de Jorge Javier Vázquez: Gordo en calzoncillos con  joven pelirrojo embutido en cuero negro a su espalda metiéndole mano para sacarle la cámara que segundos antes los había grabado en plena acción.

Los pocos conductores  que pasaron junto a nosotros presenciando tal escena, ya tenían historia que contar a sus futuros nietos sobre las perversiones del mundo gay en las carreteras Asturianas.

En pocos minutos, dada nuestra joven edad, volvimos de nuevo a la acción.

Esta vez, por evitar la monotonía me coloque yo por detrás.

Y claro, cuando estas tan bueno y eres tan consciente de ello como yo, pues empiezas con los jueguecitos:


Que si plegadita abriéndote de piernas un poco mas de lo necesario….


Que si tensa barrigonales en los baches….


Que si restriégate el pezoncillo con el retrovisor…..


Que si estate a punto de matarte  por mirar el puto objetivo en vez de la carretera etc.

Tras unas pasaditas suicidas en la chicane, en las que con una GS 500 de 300 euros y medio en bolas, pasé mas rápido que con una R6 y un Dainese de1200 euros. En mitad de la última subida antes de recoger, decidí  que la última bajada la haría directamente en bolas dándole a mi pareja una agradable sorpresa.


No se si fue por las prisas, los nervios, el frío o directamente porque soy gilipollas, pero el caso es que cuando me dispuse a dar la vuelta en la estrecha carretera para bajar en bolas hacia la curva donde estaba mi amigo me caí.


No fue nada, la moto se callo al suelo a unos 0,5 km/h,  pero el caso es que así,  sin esperarlo,  me encontré con la moto tirada y en bolas en mitad de una carretera nacional.


Como en situaciones similares anteriores (ser gilipollas es lo que tiene) encontré ayuda en la oración:


“por favor que no pase nadie, por favor que no pase nadie por favor que no pase nadie”


Pero claro, el hecho de que la ultima vez que fuiste a misa, fuese el día de tu comunión allá por 1980, no te hace muy popular entre los estamentos superiores, así que como es lógico, la caravana de la vuelta a España apareció por la serpenteante carretera ante mis  aterrorizados ojos mientras mi trabajada musculatura luchaba en vano por poner la moto en pie.


Vale, estamos hablando de una  500 y no de una Godlwing,  pero os recuerdo que en el 2005, aparte del típico entumecimiento provocado por el agradable calorcillo otoñal  Asturiano, aquí el menda  ya tenía una edad (mental de mas o menos 5) así que allí estaba yo dejándome el bazo en el intento, mientras los indignados padres tapaban los ojos de sus pequeños vástagos  para que sus inocentes miradas no viesen al pervertido desnudo, que ocultando su identidad con un casco de moto ridículo, trataba de violar tirando de riñones a una pobre e indefensa moto naked .

Pero lo peor estaba por llegar, pues el terror se apoderó mí al conseguir levantar la moto solo para descubrir que me había cargado la maneta del embrague.


“La cagamos Pelayin”


Ya me veía en el asiento de copiloto del camión grúa recibiendo miradas sucias de un gruista barbudo y barrigón que me juzgaba solo por mi aspecto y no por lo que soy en mi interior.


De alguna manera, y tras adecentarme un poquito, logre meter punto muerto y llegar hasta donde estaba mi pareja.  Antes incluso de que la pata de cabra tocase el suelo ya me había puesto las bermudas y la camiseta logrando recuperar, al menos en lo posible, mi escasa dignidad restante

Teniendo en cuenta experiencias anteriores como mecánicos (ver historia de los ingenieros) las posibilidades de que la GS volviese alguna vez a circular, eran similares a las de que yo me  compre alguna vez una Harley. Pero tras intentar unir la maneta con saliva o hacer un tirador del cable a base de ramitas que le robamos a un pajarraco con mala ostia que vivía por allí cerca, me subí en la moto y sin muchas esperanzas  enfoque cuesta abajo.


Una vez cogida cierta velocidad metí segunda  directamente sin embrague y la pobre Suzuki, con mas de 20 años encima, que había rescatado de un abandono de mas de 3 años a la intemperie, tras empezar  a toser y  dar mas  tirones que un rumano en el metro de Madrid, aquel trasto tan divertido, de alguna manera, cobro vida de nuevo.


Tras volver a la oración para conseguir hacer un giro en U en una estrecha carretera  sin embrague, solo quedaba enfocar dirección Gijón a toda ostia, cambiando sin embrague, tocando rodilla a la 4 curva  y saltándome todos los semáforos que había hasta el garaje para no perder ritmo.  O sea, como todos los sábados desde hacía 15 años.

Pero con una pequeña diferencia:

Ya había grabado la primera escena…….quedaban 10.